A falta de agua, ¿por qué los capitalinos no cavan pozos?

17 de abril de 2014

A nivel nacional, los habitantes de más de 50 mil viviendas utilizan pozos malacates y de bomba para abastecerse de agua. En el Distrito Central, pese a las terribles sequías que azotan a los capitalinos en verano, los pozos no son considerados como una opción popular para obtener el líquido vital. ¿Por qué los capitalinos no contemplan la posibilidad de cavar pozos.

La frontera entre lo rural y lo urbano parece borrarse en numerosas invasiones fundadas en cerros, donde los pobladores se pasan la vida entera picando enormes piedras para aplanar sus terrenos, para construir letrinas y para colocar postes del tendido eléctrico. Entonces, ¿qué inconvenientes hay para perforar un pozo.

CALIDAD DEL AGUA El ingeniero Rodolfo Ochoa, de la División de Investigación y Análisis Técnico del SANAA, explicó que actualmente la institución cuenta con seis pozos cuya producción máxima es de 104.9 litros de agua por segundo, más del líquido vital que producen los vertederos de Miraflores, El Chimbo y El Hatillo.

Aunque los pozos del SANAA cumplen una importante función, este recurso debidamente potabilizado, obviamente, solo beneficia a los abonados de este servicio. El estudio “El agua en la ciudad de Tegucigalpa”, del ingeniero Pedro Ortiz del SANAA, advierte que en el caso de los pozos cavados en el interior de viviendas, “el suministro se realiza en condiciones dudosas de calidad, si se toma en cuenta que, en general, el agua subterránea en Tegucigalpa tiene una alta salinidad”.

A su vez, se agrega que los pocos pozos existentes no reúnen las condiciones sanitarias apropiadas, ya que en los últimos años ni siquiera se realiza una vigilancia sistemática por parte de las autoridades de la Secretaría de Salud.

Las principales fuentes de agua subterránea en Tegucigalpa se ubican cerca de El Picacho y en el área de la represa La Concepción. Sin embargo, lejos de explotar este recurso natural, la mayoría de capitalinos que carece del servicio de agua potable del SANAA, prefiere comprar barriles de agua a los camiones distribuidores.

“Estos pobladores pagan cerca de 20 lempiras por barril, estimando que 5 barriles equivalen a un metro cúbico, de esta manera, los pobres pagan casi 100 lempiras por un metro cúbico de agua, que corresponde de 20 a 50 veces lo que pagan los usuarios que tienen conexión al sistema de distribución del SANAA”, señala el informe en mención.

INVESTIGACIONES Aunque en la capital el uso del agua subterránea no es algo masivo, en colonias como El Carrizal, Miller, San Luis, Flor del Campo, Germania, Loarque, Smith y aldeas como Las Casitas y Santa Rosa, algunos pobladores utilizan agua de pozo.

Estudios de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (Serna) indican que no toda el agua de pozo es apta para el consumo humano, e incluso, en algunos sectores contiene elementos tóxicos dañinos para la salud.

La coordinadora del Departamento de Investigaciones del Centro de Estudios y Control de Contaminantes (Cesco), Nelly Cálix, manifestó que esta institución de la Serna ha realizado varias investigaciones vinculadas al tema de las aguas subterráneas.

Para el caso, mencionó que en 2003 se hizo un estudio para detectar el tipo de contaminantes que pueden contener ciertas aguas subterráneas.

Dicha investigación de Cesco se hizo para determinar la cantidad de fluoruros presentes en las aguas subterráneas de distintos sectores del Distrito Central donde los habitantes han excavado pozos, tanto para el consumo como para uso doméstico.

El flúor es un elemento normal en la dieta y además esencial para el desarrollo y protección de los dientes y huesos, se explica en el documento.

“En vista de esto, puede ser agregado intencionalmente en el agua de bebida u otros productos para prevenir la caries dental. Sin embargo, el exceso de flúor ingerido puede causar efectos tóxicos irreversibles en los dientes y huesos”.

DAÑOS A LA SALUD El estudio de Cesco advierte que la ingesta crónica de niveles muy altos de flúor puede conducir a severas deformidades de las articulaciones, entre otros problemas de salud.

También señala que el límite máximo permisible de concentración de fluoruro aceptado internacionalmente es de 1.5 miligramos por litro en el agua bebida.

No obstante, durante investigaciones de campo efectuadas por este ente de la Serna, se tomaron 18 muestras de agua de igual número de pozos, de las cuales cuatro superaron el valor permitido de flúor.

“El 22 por ciento de las muestras estudiadas representan un riesgo para la salud; estas corresponden a los pozos ubicados en la zona de la colonia Miller y El Carrizal, ya que las concentraciones de fluoruros se encontraron fuera de la norma de referencia”, indica el informe.

Además, se especifica que las muestras de agua de dichos pozos no necesariamente corresponden a la que es ingerida por los pobladores, pues se comprobó que muchos compraban el líquido vital a carros cisterna

Tomado de Diario La Tribuna

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